Las Mil Plumas del Cuervo — Cap. 1

1.- Sí

Aone no se esperaba aquella llamada. Definitivamente lo normal eran los mensajes una o dos veces al mes por medio de Line, regularmente enviados por el número 10 de Karasuno. Sin embargo, la noche anterior había recibido un mensaje donde preguntaba el pequeño adolescente si podía hablar por teléfono.

“Sí”

Fue la escueta respuesta del jugador más valorado por su fuerza en el Date. Y fue cuando Hinata le marcó, eran apenas las ocho y el pequeño cuervo le pidió al portero de la muralla de acero ir a comer helado después de clases.

“Tengo entrenamiento” contestó el de cabello blanco.

“Oh… ya veo” se escuchó desanimada la voz de Hinata.

“Pero el sábado por la tarde tengo libre”

“¡Oh! ¡Genial! ¡Genial! Nos vemos en la estación, vayamos hasta Sendai si es así”

“Hmp”

Ahí murió la conversación tras aquella promesa.

Podría ser muy descuidado y algo exasperante pero Hinata Shoyo era bien apreciado por todos aquellos con los que lograba estrechar amistad porque cuidaba esos pequeños detalles como la comunicación constante. Sugawara tenía la teoría de que Hinata era de aquel modo por no haber tenido amistades interesadas en el volley durante la escuela media, ni siquiera había tenido un equipo al cual pertenecer, ahora las amistades que el volley le estaba ofreciendo obviamente eran sus preciosos tesoros a los que cuidaba con mucho empeño y calidez. Era sincera y amable, siempre se podía contar con él.

En particular a Aone le gustaba que Hinata siempre atendía a cualquier mensaje que él le enviase de repente, o que contestaba a todos sus mensajes incluso después de que ambos se decían “Adiós me voy a dormir”, Hinata era el último en enviar mensaje aunque fuese sólo una carita feliz para confirmar que había leído el mensaje claro y preciso. Eso era agradable para el grandote que tenía un cierto desapego con la mayoría de las personas, o mejor dicho, las personas tenían desapego hacia él por su intimidante estatura aumentando, claro, su facción siempre seria y fría. No era su culpa, sólo así había nacido. Nada se podía hacer.

—Oi, Hinata —habló Kageyama mientras el aludido se apresuraba a ponerse una sudadera Adida´s, la misma que él le había regalado en su cumpleaños. La mamá de Tobio había insistido después de que Hinata le regalara al otro un set de rodilleras y coderas Nike, el tío de Hinata había llegado de Norteamérica y le había llevado un montón de cosas al nuevo pequeño gigante.

—¿Qué? —alzó la cabeza sin dejar de abrocharse los zapatos. Kageyama le empujó la mejilla con una botella de agua fría a lo que el enano replicó con un grito. Se incorporó apresurándose a empezar a retar con improperios. Pero al ver la seriedad en los ojos del moreno se quedó callado tomando el agua—. Gracias… —susurró con voz ronca, sus mejillas adquiriendo un color rosado.

—Sólo ve con cuidado… buen trabajo el de hoy.

—Hmp, nos vemos después… Buen trabajo a todos, nos vemos el lunes —se despidió mientras que salía de la sala del club.

—Buen trabajo, Hinata —se despidieron el resto. Hubo un inusual silencio, y todas las miradas se quedaron en la espalda de Tobio que seguía viendo la puerta. Después de un momento de meditación todos volvieron a alistarse para irse a sus respectivos hogares.

Ese día el entrenamiento había sido desde las siete de la mañana, era medio día ya. Llegó a la estación cerca de la una de la tarde y Aone ya estaba ahí. Hinata agitó la mano al ver al adolescente que sobresalía en todos los aspectos por sobre las cabezas negras de sus compatriotas que parecían evadir al más alto. Saltó para ser percibido por el otro, el cual al verlo se viró hacia el camino de donde venía el menor.

—Hola, Hinata.

—Hola… ¿Cómo estás? —preguntó con voz muy suave y amable.

Los delgados labios del más alto formaron una tierna sonrisa. Era la clase de sentimiento inocente que producía aquel bloqueador central. Caminaron hacia el autobús que los llevaría hacia Sendai. Irían al cine y después a comprar la nueva revista donde aparecía el Karasuno tras su contundente victoria en las preliminares. Aparecían en un artículo pequeño pero ahí estaba una fotografía del equipo. Él la quería para enmarcar aquella página y colgarla en su habitación. Sería un bello recuerdo.

—¿Tú estás bien, Hinata-san? —cuestionó Aone. Los ojos del anaranjado se alzaron para ver al otro que se reclinaba para verle más de cerca. Casi como un padre que ve a su hijo.

Hinata sonrió enorme y afirmó sin emitir voz.

Ambos se sentaron en la fila trasera y siguieron el recorrido en silencio. Normalmente Hinata hubiese atestado los oídos de todos en el transporte con sus anécdotas del volley y sus andanzas con el resto de la parvada, pero en esa ocasión el mutis era la mejor conversación, Aone lo prefería así, él lo conocía no porque hubiesen convivido mucho sino porque Hinata lo había estado observando durante sus breves encuentros y también por los mensajes de texto.

—Tu sudadera, es la que sacaron para las olimpiadas ¿no?

—Oh… no sabía que Aone era seguir de Adida´s —repuso el otro.

—Mi hermano la tiene…

—¿Tienes un hermano?

—Somos tres. Mi hermano mayor juega básquet y mi hermano menor también juega volley pero está en primaria. ¿Tú tienes hermanos, Hinata-san?

—Una, se llama Natsu, pero aún no juega volley… aún no lo hace —contó y después empezó a narrar con voz calmada pero sin omitir detalles gráficos con las manos sobre cómo intentó enseñarle a dar remates, inclusive había invitado a Tobio a ir a casa. Lo único que obtuvo de todo aquello fue que el colocador del Karasuno se volviera más “intimo” con su pequeña hermana que decidió volverse una buena colocadora para levantar los balones para su hermano mayor.

—Tobio se puso enérgico y empezó a pelear con Natsu-chan… fue divertido porque Natsu-chan dijo que sería mejor colocadora que Tobio… —comentó y soltó una suave risita. Aone dibujó una sonrisa en su rostro.

—Kageyama parece ser un buen tipo.

—Sí, lo es.

Se hizo todo según lo proyectado. Hasta comieron un par de hot-dogs. El del Date se comió cuatro ante los ojos estupefactos de Hinata que apenas alcanzó a comerse dos. Compraron la revista, fueron a ver esa película de acción que había mencionado Aone en un mensaje, el grandote lo había olvidado pues de eso habían pasado semanas, pero al parecer Hinata no olvidaba detalle. Después fueron al parque donde se encontraron a un grupo de estudiantes locales jugando volley, se unieron a un partido improvisado y el equipo donde Aone y Shoyo jugaba arrasó con todo a su pasó. Fue una tarde espectacular.

—¿Por qué no te bajas en la siguiente estación? Queda en tu pueblo, ¿no? —preguntó Aone. Ya estaba oscuro para entonces.

—¿Seguro? Puedo ir hasta allá y tomar el camino que siempre tomó cuando voy de la escuela a casa… —el timbre de Hinata sonaba desgastado para esa hora de la noche.

Afirmó Aone sin decir más.

—Fue una gran tarde.

Aone repitió el gesto anterior pero ahora con una sonrisa. Alzó su mano y Hinata chocó las palmas con el otro. Y así de enérgico agitó la mano con fuerza mientras despedía al autobús que se perdía por la carretera. Suspiró y el aliento se formó en vaho saliendo de su boca, al inhalar vino un exceso de tos. Tosió primero de forma suave, después de forma más fuerte y violenta hasta que se dobló y quedó flexionada sobre sus rodillas. Cerró los ojos y trató de respirar con tranquilidad. Así le había dicho el doctor. Tosió nuevamente y sintió un abrigo caer sobre él.

—Te dije que fueras con cuidado, Shoyo…

—Lo sé… —murmuró sin aliento—. Lo si-

—No sigas hablando… vamos que te acompaño a casa —Kageyama ofreció su mano. El otro la tomó sin dudarlo y empezaron a andar de forma lenta—. ¿Está semana vuelves a ir a Tokio, no? —por el rabillo del ojo observó como Hinata se aferraba a su brazo y bajaba la cabeza, moviéndola sólo un poco para afirmar—. Supongo que irás con tu mamá… cuando sepas resultados… por favor me avisar por mensaje de texto…

—Sí… aunque si me siento bien… creo que le diré a mamá que quedaré con Kenma…

—Hmp… supongo que está bien, pero sólo si el médico lo aprueba… ¿de acuerdo?

—Sí.

Kageyama apretó más el agarre de su compañero de equipo. No eran una pareja oficial, pero tanto la madre de Kageyama y la de Hinata, así como todo el equipo de volley y, gran parte de la escuela, sospechaban que su relación iba más allá que mera rivalidad. La cual se hizo más evidente tras aquella fatídica noticia:

“Hay una posibilidad de que no sólo los de tercero nos retiremos este año, chicos; pues quizás Hinata también abandone el equipo”.

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